domingo, 3 de febrero de 2008

Expe Chaquil 2006 - Cueva de los bomberos

Era mi primer o segundo día en el campamento, ya habíamos pasado juntos un día entero en Chachapoyas y otro más en el pueblo de Soloco, pero los problemas de comunicación español/francés/inglés eran constan

tes a pesar del esfuerzo de todos por entendernos. La noche anterior había escuchado al equipo francés hablar y discutir, cambiar planes, crear otros, conversar y conversar más, ¡y yo sin entender ni una palabra!

Lo único que sabía era que los bomberos voluntarios que iban a realizar su iniciación en técnicas de rescate en cuevas y uso del equipo vertical, estaban por llegar. Eran dos, uno de ellos el jefe de bomberos y otro bombero mucho más joven que lo acompañaría.

El día de la expedición a la Cueva de los Bomberos ya se sabía quienes estarían a cargo de los "apaga fuegos", Olivier y Jeff. Yo me moría de ganas de ir con ellos: entrar a una cueva muy vertical, con un pozo final de varios metros, con

todo un equipo nuevo para mi, toda una experiencia; pero me llevaría una pequeña decepción, Jeff y Olivier estarían atentos a los dos bomberos, Jean Denis cuidaría a Olivier F. que también era nuevo en esto, ?quién iba a hacerse cargo de mi?

El día anterior recuerdo a Jean Loup preguntándome si alguna vez había hecho un rapel, y yo respondiéndole con toda la seguridad del mundo que sí. Pero una cosa es hacer un rapel simple de menos de 20 metros con un ocho, y otra muy diferente bajar más de 100 metros bajo tierra haciendo cambios de cuerdas a veces suspendido en el aire. Igual dije que si sabía.

Resignada a pasar el día en el campamento viendo como mataban a la gallina o caminando por las montañas en busca de nuevas cuevas en los alrededores,

miraba a los bomberos y a Olivier alistándose con los equipos y aprendiendo la posición correcta del descender, el croll y el longe; cómo abrir el descender y cómo colocar correctamente la cuerda en una "S" perfecta, ahí escuché que Jean Loup y Jean Louis conversaban y a los 2 minutos Jean Louis me decía ¡Vamos!

Fantástico, perfecto, avasallador. Me alisté en un segundo y empecé a caminar con todos los bomberos, Jean Denis, Olivier y mi máximo héroe del día: Jean Louis, absolutamente feliz.


La entrada externa de la cueva era una depresión muy grande de rocas que tuvimos que bajar, al llegar al fondo nos alistamos en un abrigo de roca poniéndonos los arneses. Los bomberos entraron primero con Jeff y Olivier y los demás nos quedamos juntos. El primer tramo de la cueva estaba llena de piedras caídas muy grandes, algunas se movían y hacían un poco difícil el descenso con todo el equipo de vertical encima, fueron varios metros bajando por estas enormes rocas que había que trepar y destrepar, algunos arañándose las manos por falta de guantes. Luego camino empinado, luego nuevamente las piedras enormes semi bloqueando el camino.

Más adelante las cosas se pusieron difíciles, un pequeño descenso inclinado, un cambio de cuerdas y debajo un gran pozo con agua, imposible de rodear, imposible de saltar. Había que ser sumamente hábil para bajar de a pocos, luego coger fuertemente la cuerda y ponerla casi horizontal, con la mano derecha hacer avanzar la cuerda por el descender, con la otra sujetar la cuerda que quedaba al otro lado para no caer al agua. Además de habilidad muchísima fuerza. Primer bombero: al agua. Segundo bombero: al agua. Oliver F: casi lo logra pero al final se mojó el trasero. Yo: imposible, me iba a mojar de pies a cabeza, pero no, al final me salvé, casi nunca es una ventaja ser pequeña, pero en esta ocasión Jean Louis simplemente jaló la cuerda hacia él, me agarró del traje y me hizo avanzar hasta un lugar seco. La suerte de los principiantes, la suerte de las chicas o la suerte de ser liviana.



Seguimos el camino que Jeff y Olivier ya conocían, los bomberos peruanos detrás tratando de seguirles el paso y al final íbamos el resto, un poco más lento, sabiendo que los bomberos necesitaban espacio para practicar y aprender a moverse en la cueva. Ciertamente se les veía un poco cansados y nerviosos por esa experiencia, pero sabían que les sería muy útil para futuros rescates en cuevas, no más cuerdas improvisadas y peligrosas para llegar a un accidentado.

El resto de la cueva, antes del gran pozo, tenía varias oportunidades de bajar con el equipo, la mayoría de los spits ya estaban puestos previamente y sólo había que colocarles las chapas para usarlos. Todos parecían descender sin dificultad y suavemente, y yo pude hacerlo igual cuando alguien sacó el mosquetón de seguridad al lado de mi descender, como la cuerda estaba mojada e hinchada la fricción era muy alta y me quedaba atracada y suspendida dando saltitos para que la cuerda pudiera corra por el equipo. Poco a poco nos sentíamos más cómodos con el equipo, los cambios y la colocación de la cuerda.

Creo que yo no era la única que estaba emocionada con esta cueva tan vertical. Los problemas de comunicación entre franceses y peruanos no eran tan molestos porque Olivier F. ayudaba con la traducción y en un momento creo que podíamo s leernos la mente y saber lo que los demás nos decían. Luego de varios metros de caminata y descensos cortos llegamos al gran pozo. Todos estábamos un poco apiñados frente a la caída, Olivier estaba suspendido en el aire taladrando la piedra arriba de su cabeza, poniendo un spit para sostener una polea, puso ahí una cuerda extra que bajaba doblemente al vacío.

Por la cuerda normal fuimos descendiendo uno a uno, hasta que solo quedaron arriba los 4 bomberos, abajo, a 20 metros del spit y a 97 metros de la superficie había un poco de agua y muchísima humedad, era casi imposible tomar fotos porque al vapor de agua era lo que se fotografiaba, dejando la foto de una gran nube de vapor gris. Aguantar la respiración tampoco funcionaba muy bien, porque no sólo salía vapor de la nariz, sino de todo el cuerpo. En el último gran cuarto al fondo de la cueva tuvimos que esperar varios minutos, dimos muchas vueltas viendo cada recoveco de la cueva, a ver si se podía ir un poco más lejos, si se podría cavar un poco y sacando las rocas encontrar otro pasaje, también nos dedicamos a tratar de ver que hacían allá arriba, si la polea ya estaba fija y si ya estaban bajando la cuerda. Personalmente me preguntaba como iba a subir esos 20 metros, por un lado tenía miedo de demorarme mucho y dejar a mucha gente esperando abajo y por otro lado me sentía esperanzada de poder probar si podía hacerlo bien.



La espera empezó a hacerse un poco larga, y con el aburrimiento de no tener nada que hacer también empezamos a sentir un poco de frío, nuestros poderes de comunicación telekinética se fueron perdiendo y mirábamos hacia arriba con impaciencia. Finalmente una cuerda bajó, conversaciones en francés que no entendí, y de pronto Jean Denis subió rápidamente. Jean Louis me llamó y aún sin entender bien que pasaba empezó a sujetarme del arnés con una cuerda, le hizo muchísimos nudos mientras yo seguía con un gran signo de interrogación en la cara, luego me guió hacia el medio de la caverna, cuando miré hacia arriba pude entender todo. La cuerda que me sujetaba pasaba por la polea y finalmente estaba siendo amarrada a Jean Denis, por otro lado Olivier seguía suspendido en el aire y con su equipo controlaba la velocidad con que la cuerda pasaría por la polea. Jean Denis, a pesar de ser de contextura pequeña no se comparaba con mi peso y eso podía hacer que yo subiera demasiado rápido y él bajara también a gran velocidad, peligroso.

Miré nerviosamente hacia arriba, tenía a Jean Louis a mi lado con cara de absoluta tranquilidad, en contraste con la mía de semi pánico. Y listo, dieron la señal, yo sentí un leve tirón hacia arriba, mis pies dejaron de sentir el piso rocoso y ya estaba volando hacia arriba, ¡que alucinante! Subía a una velocidad controlada por Olivier y Jeff desde arriba, y veían como Jean Denis iba bajando constante pero lentamente. En el medio de la cuerda, cuando nos cruzamos en el aire tuvimos algunos problemas para desenredarnos porque la soga se dio la vuelta, luego de algunos segundos pudimos seguir subiendo yo y bajando Jean Denis. En menos de 20 segundos yo ya estaba arriba, la subida más fácil que he hecho en mi vida como espeleóloga, por ser la mas pequeña del grupo tuve que hacer la demostración para los bomberos peruanos, es decir, fui la "víctima" del "accidente".

Poco antes de ser "rescatada" los bomberos tuvieron que bajar el pozo y luego de unos minutos volver a subirlo. Las dificultades para usar el equipo se hicieron notar inmediatamente, la puña o ascender con pedal permite que la ascensión sea realmente 'más maña que fuerza', sino sería casi imposible para mi subir tantos metros, lamentablemente la coordinación para hacer esto posible no estaba resultando para los recién iniciados. Con mucho esfuerzo, especialmente fuerza de brazos, ambos bomberos se treparon los 20 metros, quedando sumamente cansados para los 77 metros verticales y aproximadamente 170 horizontales restantes.

Para los expertos y quien la tuvo fácil para subir esos 20 metros, el resto del regreso fue bastante simple, a excepción de la parte con agua, que los más cansados decidieron simplemente asumir, mojarse y subir y los demás tratar de mantenernos secos por un trecho más o tal vez hasta la salida. Las rocas grandes del camino ahora eran más difíciles de trepar, yo tenía los brazos cansados de las otras subidas y del peso del equipo sobre mi, además de la incomodidad de quedarme atracada a veces entre las hendiduras de roca.

La experiencia fue inmejorable, yo sabía que las cuevas verticales iban a ser mis favoritas, y no me equivoqué. No hay nada como estar suspendido a 20 metros del piso o más, dentro de una cueva a 100 metros bajo tierra, con el vértigo de saber que una sola mano sostiene tu vida y el placer de sentir la cuerda rugosa arrastrarse por la palma de esa mano mientras tienes el control total de la velocidad de descenso, definitivamente no hay nada que se pueda comparar.

(Todas las fotos son de Jean Louis Galera)